Aunque tarde no quería perder la oportunidad de relatar, ni que sea por encima, la experiencia que supuso el embarcarme en esta aventura. Por unas cosas o por otras va pasando el tiempo y no acabo de despegar. La historia es larga, ya que no comienza en Moratalaz, origen físico del viaje “senso estricto”. Deseo dedicarle esta aventura a todas aquellas personas que hicieron posible este sueño, sin ellas se habría complicado todo muuuucho más. Gracias.

 

Todo comenzó cuando, viendo venir unas vacaciones más o menos largas, se me ocurrió usarlas en subir a BCN a ver a unas amigas y echar allá unos días. Pero ahí no queda todo, dado que disponía de tiempo y al fin y al cabo la movilidad está altamente supeditada al mismo me planteé muy seriamente el hacerme el trayecto en bici como reto personal basado en un planteamiento político que me ronda la cabeza desde hace ya tiempo: reducir el uso de combustibles fósiles en la medida de las posibilidades haciendo de la movilidad un acto más sostenible. Para ello es evidente que es necesario tiempo suficiente, ya que si tan solo dispones de un par de horas para llegar a BCN desde Madrid esta claro que necesitas un medio de transporte mucho más rápido aunque consuma muchos más recursos, como el avión; si dispones de un par de horas más puedes utilizar el AVE, si dispones de algo más de tiempo el medio de transporte puede ser el tren, el autobús o el coche particular; si dispones de más tiempo aun puedes pensar en hacerlo en bici o incluso andando. Yo opté por la bicicleta por varios motivos: el primero y fundamental es que creo que es una herramienta bastante sencilla que potencia bastante las capacidades del ser humano usándola adecuadamente (cierto es que los animales pueden suplir algunas carencias de este medio de transporte, ya que la bici requiere de infraestructuras lineales como carreteras o caminos). Además de esta declaración de principios me movía el hecho de probarme, de probar a mi cuerpo y a mi mente, probar sus capacidades. Lo cierto es que uno de los motores de este intento fue Guillem, el grandioso Guillemin que ya estando en Dúrcal me mostró que no solo era posible el ir de Granada a la huerta a trabajar o a la casa Hortigas a visitar a alguien, sino que se puede ir al Manzano, a Tocón, a Colomera, Santa Fe o Guadaortuna; más adelante me remostró que se puede hacer, que se puede un@ mover en bici por el mundo apostando por unas dinámicas más lentas que las que propone la dictadura de los combustibles fósiles o autocracia cuando regresaba de Aranda de Duero a BCN tras haber vendimiado encontrándonos en Langa de Duero un par de días. El otro motor de esta historia fue Danito que con su largo viaje en dos intentos al África Subsahariana y su constante e incondicional apoyo ayudó a reforzarme en la idea de hacerlo. La experiencia de mi hermano en sus solitarias aventuras cicloturistas fue otro pilar importante, así como la pasión con que Alberto vive en la actualidad la actividad ciclista, sin duda reminiscencia de un pasado ciclista que se mantiene a flor de piel. Rodeado depedaleador@sno podía ser de otra manera.

 

Una vez tomada la decisión en firme era necesario buscarse la ruta con sus posibles alternativas, los medios, el equipaje, etc. Para todo esto fueron cruciales Danito que me presto su bici, un cuadro de carretera BH L6000 antiguo pero muy adecuado para la ocasión, superbonito, con horquilla Otero, 3 platos y 7 piñones, lo que me permitía subir cuestas y bajarlas con cierta soltura, manillar de carretera con maneta de freno doble; mi hermano que me presto la ropa técnica, un coulotte largo que me vino muy bien para la época de entretiempo en que lo hice, camisetas técnicas de alta visibilidad y herramientas; y Elena que me prestó sus alforjas. Una vez solucionado con qué bici me lanzaría a la piscina había que visualizar la ruta tratando de evitar en la medida de las posibilidades las carreteras de mucho tránsito, como las nacionales o las autovías, tratando de buscar las vías secundarias que fuesen mas directas, con mejor altimetría y que mostrasen mínimamente un buen estado de la calzada, sobre todo porque la bici al ser de carretera no aceptaba cubiertas muy gruesas y llevaba una 23C de Hutchinson delante y una 30C híbrida de Kenda detrás. Esto último se tornaba complicado ya que una vez tomada la ruta había que aguantarse con lo que había y, si era necesario, ir mas despacio sorteando los baches.

 

El previaje consistió en bajar a Granada a buscar la bicicleta. Allá comprobé la bici con un par de etapas largas de unos 120-130 km. La primera fue con Danito, una ruta circular saliendo de casa en dirección a Cenes de la Vega y Pinos Genil desviándonos antes de ésta localidad hacia Tocón de Quéntar donde hicimos una parada técnica con visita a la Sara incluida y reparaciones de pinchazos variados, avituallamiento y demás. Continuamos subiendo hacia el puerto de los Blancares y allá tomamos dirección Iznalloz. Desde allá bajamos por Deifontes, el embalse de Cubillas, Albolote, Maracena y de vuelta. Al día siguiente me decidí a probar las alforjas que se había manufacturado Danito y que quizá me llevaría y con ese propósito me subí al Manzano en otra etapa larga en busca de quesos y para hacer una visita al cortijo que hacía mucho tiempo que no iba. El camino son en torno a 60 km con lo que la etapa fueron en torno a 120 km que esta vez hice solo. Se notaba el cansancio de las piernas por el esfuerzo del día anterior. Además cometí una serie de imprudencias que luego me costaron caras al final del día como es el no parar con la frecuencia adecuada, el no reponer líquidos y sólidos cada poquito, no llevar algo de glucosa o sales, etc. En fin, los últimos kilómetros antes de llegar a Dehesas Viejas y los kilómetros de subida al Manzano se me hicieron largos, pero lo que se me hizo eterno y pesado por el cansancio fue el último tramo del regreso acabando extenuado.

 

Con este previaje me subí la bici en el autobús y, tras un par de días de descanso le cambié la cubierta delantera que estaba bastante precaria y entre que hacía y deshacía el equipaje la probé por Madrid y me dí cuenta que la cubierta trasera de origen estaba en peor estado aun, tenía una zona mucho mas desgastada y ya se había abollado, lo que suponía un grave peligro de reventón en ruta, con lo que tuve que esperar y cambiarla también. Al final le puse una de cicloturismo un poquito más ancha que la que traía, cambié las cámaras para que fueran nuevas y me lleve recambios. Para probarla hice una pequeña incursión a Mejorada del Campo a ver a Sari, lo que me ayudó a centrar bien el camino de salida de Madrid, ya que un poco antes de Mejorada me debía desviar hacia Velilla de San Antonio. A continuación os pongo los datos técnicos desglosados por etapas para que os hagáis una idea y más abajo os cuento detalladamente las etapas.

 

 

DATOS TÉCNICOS BCN 2010 POR ETAPAS

Día

Distancia

Velocidad máxima

Tiempo

Velocidad media

Trayecto

7

104 km

51,3 km/h

4h 57'

21,5 km/h

Madrid-Budia

8

113 km

55,34 km/h

5h 53'

19,19 km/h

Budia-Molina de Aragón

9

62 km

55,34 km/h

2h 20'

26,3 km/h

Molina de Aragón-Daroca

10

149 km

57,41 km/h

6h 41'

22,24 km/h

Daroca-Caspe

11

165 km

56,35 km/h

8h 41'

19,02 km/h

Caspe-Vilanova de Bellpuig

12

124 km

54,36 km/h

6h 11'

20,07 km/h

Vilanova de Bellpuig-Masquefa

Total

723 km

 

35h 19'

 

 

 

 

Las alforjas al final, después de mucho pensar y reducir por aquí y por allá, pesaron 8 kg cada una. En total 16 kg de equipaje inicial a lo que siempre hemos de sumarle un triángulo con algo de herramienta y una cámara de repuesto con su correspondiente cajita de parches. Con dos días sobre las fechas previstas en origen salí el día 7 de mayo a media mañana, sobre las 11 de la mañana (la salida fue lo más parecido a “El Angel Exterminador” de Luis Buñuel, película en la que los personajes, aun teniendo motivos y disposición de abandonar la fiesta de la mansión, no pueden marcharse y siempre encuentran una excusa para retrasar su marcha...) desde Moratalaz con nubes y claros y buena temperatura.

 

Primera etapa (Moratalaz-Budia): saliendo por la carretera vieja de Vicalvaro en dirección Mejorada del Campo, camino que ya hiciera el día anterior. A la hora de camino, a los 20 km aproximadamente, primera parada en Loeches para estirar las piernas y avituallar, rutina fundamental que procuré seguir a lo largo de todo el viaje ya que te da la vida, evita sobrecargas, monotonía, etc. Aunque sea una parada corta de 10-15 minutos para mirar el mapa, aprovechar para coger agua o echarse unos frutos secos por encima conviene hacerla cada hora u hora y media, las piernas y la cabeza lo notarán y lo agradecerán. Tras la parada en Loeches continuamos camino tomando la carretera comarcal que va paralela a la A-2 y que nos direcciona hacia Guadalajara, más concretamente hacia el valle del Río Tajuña en su curso alto. La siguiente parada fue en El Pozo de Guadalajara, lugar donde aproveché, por la hora y las circunstancias, para echar un bocadito más serio, coger agua y relajar un poco más estirando bien para hacer un poquito la digestión. Se fueron notando a lo largo de toda la etapa tanto los cambios de calidad de la calzada como la intensidad del tráfico, lo cual es normal. En la siguiente parte de la etapa asaltamos el curso alto del Valle del Río Tajuña, tomando esta opción como la mejor, en lugar de desviarme hacia Tendilla, porque daba la sensación de ser el camino más recto y con menos pendiente para ir hacia el Alto Tajo. La pendiente muchas veces se puede intuir interpretando el mapa, con la cantidad de curvas que marque, aunque también está muy bien preguntar en los pueblos y que sean las personas del lugar quienes te asesoren y aconsejen. La carretera por el Valle del Tajuña es bastante recta, va por el fondo del valle, el cual es pequeñito y no da sensación de encajonarse mucho a pesar de no ser muy amplio, y va picando un poquito hacia arriba, una ligera pendiente que te deja rodar bien a buena velocidad y también te permite recrearte en el paisaje (el cual yo no conocía aun a pesar de haber trabajado un par de años muy cerca, en Perales de Tajuña). Sólo el último tramo, entre Yélamos de Arriba y San Andrés del Rey picaba fuerte hacia arriba. La climatología fue acompañando durante toda la etapa y permitió rodar con un puntito de fresquito y sin lluvia, aunque en el Valle del Tajuña comenzó a amenazar tormenta con rayos y centellas y me obligó a subir a San Andrés del Rey a refugiarme en el único bar del pueblo pensando incluso en quedarme allá a dormir... Como el pueblo es muy pequeño, escampó un poco y aun era temprano decidí continuar camino hacia el siguiente pueblo, Budia, que queda a media ladera al otro lado del Valle del Tajuña y es la puerta al Alto Tajo. Allá llegué en torno a las 18:00 horas y anduve preguntando en la oficina de turismo por si había algún lugar donde echarme por ahí. Era mi primera vez en estos menesteres, fue la primera vez que viajaba en bici solo con una direccionalidad, y no sabía muy bien como hacerlo. Antes de llegar al pueblo, en la bajada de la carretera, vi una ermita que pesquisé por si me podía dar cobijo para no mojarme, pero no reunía condiciones. A la entrada del pueblo había ya fichado un lavadero restaurado que no me parecía mala opción, pero aun así pregunté. El señor me llevó por el pueblo y me anduvo contando alguna cosilla de la localidad, que está bastante bien conservada y tiene algunas construcciones de cierto interés histórico y cultural. Al final acabé durmiendo en el lavadero que tenía un par de inconvenientes: el ruido del agua que caía todo el rato y las luces, ya que al restaurarlo lo han dejado de monumento y lo encienden de noche. Por lo demás reunía condiciones.

 

Segunda etapa (Budia-Molina de Aragorn): a la mañana siguiente amanecí temprano, con el alba, con lo que tranquilamente hice preparativos, volví a montar alforjas, piqué poca cosa, estiré y calenté y hacia las 9:00 horas ya estaba poniendo a funcionar el motor diesel.... El destino de este día era Molina de Aragorn, el pueblo más frío e la Península Ibérica (de media), ya que está situado en una mesa abierta a 1000 metros de altitud, con lo que había que cruzar el Alto Tajo. Desde Budia había que bajar al Embalse de Entrepeñas y desde ahí tomar dirección hacia Zaorejas. La carretera llanea desde el embalse hasta La Puerta, pueblo donde paré a desayunar un algo rápido. Desde acá hasta Zaorejas se suben rampas duras aunque nunca demasiado largas, casi siempre picando hacia arriba, sin mucha bajada, solo recuerdo una bajada a una vaguada que llevaba a Villanueva de Alcorón, lo que supuso un descansito a las piernas junto con los tramos de cierto llaneo. En este pueblo pare a comprar algo aprovechando horario comercial ya que serían hacia las 13 horas. Enseguida continué dirección Zaorejas. Cuando llegué, como iba justo de agua decidí buscar una fuente y le pregunté a un paisano, lo cual me dio para conversar un ratito. Le conté un poco cuál era mi destino final y su contestación fue que ya no hay gente que haga estas cosas, que resulta difícil verlo y que “vale más un capricho que 100 panderos” valorando mucho lo que estaba haciendo (al menos yo lo interpreto de esta manera, me quedo con esa ilusión...). Lo peor de esta parada es que la fuente estaba abajo del pueblo con una pendiente más que interesante, pero no había elección, el siguiente tramo transcurría por el Parque Natural del Alto Tajo con lo que había un trecho largo sin poblaciones. La carretera en este tramo era pésima, estaba superbacheada y tenías que ir frenando y muy pendiente de estos para no joder las ruedas, preocupado por si las alforjas saldrían sanas de este envite. El paisaje muy bonito, bajada hasta el río y subida de nuevo unos 5 km entre bosque de ribera y pinares espesos. Llegando a Corduente la carretera mejoró sensiblemente. Pasé por delante de la base de helicópteros de Corduente que queda pegada a la carretera, lo cual fue regalo sorpresa porque no me lo esperaba. Y a las 16:00 horas ya andaba por Molina de Aragorn, destino donde había quedado con Elena que coincidía que andaba esos días por el pueblo (su familia es de ahí) porque era el cumpleaños de su amiga Irene. Aproveché para ducharme, cenar, compartir en la fiesta de disfraces y dormir en colchón bajo techo ¡¡¡Muchas gracias Irene!!! Y por supuesto muchisimas gracias Elena, sin ti esto no habría salido así. En la fiesta coincidí con un compañero que es emisorista de la base de helicópteros de Corduente y con un montón de amig@s de Elena de Molina, incluida la otra Elena, con lo que me acosté más o menos tarde... A la mañana siguiente no me metí prisa y me levanté con calma.

 

Tercera etapa (Molina de Aragorn-Daroca): este día la etapa fue bastante corta respecto a las dos anteriores y a las posteriores, con lo que me pude permitir el lujo de levantarme tarde y ayudar a organizar un poco la casa y salir bastante tarde, a mediodía tras despedirme de las Elenas y de Irene. La carretera salía de Molina y tras un par de kilómetros de subida se alcanzaba una mesa sobre la que transcurría esta en dirección a Daroca entre campos de cultivo de secano (cereal y legumbre). Dejé la Laguna de Gallocanta a unos 4 kilómetros a mi derecha y por fin fui consciente de donde se ubicaba dicho Espacio Natural que durante la carrera tanto sonaba para ir a ver grullas. Los últimos kilómetros transcurrieron por una bajada continua y pronunciada con el asfalto en bastante malas condiciones. Hasta entonces el asfalto fue aceptablemente bueno que junto al llaneo me permitió llevar velocidades elevadas. Llegué pronto al pueblo con un sol radiante después de haber tenido nubes y claros durante toda la etapa y esperé Víctor, compañero con el que había quedado, compa de la BRIF-Daroca que me haría el favor de darme alojamiento esa noche. Conocí también a Carlos y a otr@s compañer@s de la misma BRIF. A la mañana siguiente amanecí con ell@s y aproveché para ver a Puñal (preparador físico que tuvimos el año anterior en la BRIF-Iglesuela con el que me llevo muy bien) y que me enseñaran la base, la cual no conocía. La visita fue corta pero intensa, pude compartir con la gente con cierta tranquilidad.

 

Cuarta etapa (Daroca-Caspe): después de ver la base cogí la bicicleta y me puse en camino en dirección a Pueblo Viejo de Belchite. La carretera que lleva allá pasa junto a un árbol singular a la altura de Fombuena, una encina que ha nacido y se ha desarrollado encima de una roca, árbol del que ya me habían advertido l@s compas de Daroca. A mediodía más o menos llegué a Pueblo Viejo de Belchite, las ruinas del antiguo pueblo de Belchite que fue escenario de una de las batallas mas duras de la Guerra Civil. Como recuerdo de la historia se decidió no reconstruirlo ni destruirlo, sino dejarlo en pié tal y como quedó y levantar de nuevo el pueblo de Belchite 2 kilómetros más allá. Entre las ruinas paré a descansar un ratito y comer alguna cosilla, no sin una extraña sensación, la cual consideré normal ya que había sido un lugar donde, hace no demasiado tiempo, reinó la muerte y la destrucción. Tras la parada continué camino dirección Caspe. Como ya se iba haciendo tarde y no tenía pan para la cena decidí parar a comprar en Escatron (el nombre del pueblo suena a cibernético ¿no? Como a gigatron...) en la panadería que estaba, de nuevo en la parte de abajo del pueblo... Allá todo bien, la mujer superamable, pero al salir situación desagradable: una señora que había entrado a comprar a la panadería dejó el coche un momento en medio de la calzada no pudiendo pasar otro coche . En esto que aparece un coche de frente y, se ve que se conocían y se caían mal, se pusieron a discutir y a insultarse, incluso hubo algún que otro acelerón intimidatorio... En fin, yo salí de allá, que la cosa no iba conmigo y continué dirección Caspe. El tiempo había acompañado durante todo el día, con un poco de viento fresquito, pero dejaba rodar. Pero llegando a Caspe, a la altura de Chiprana, me pilló tormenta de rayos y centellas y me tuve que desviar a este pueblo a refugiarme del diluvio universal que estaba por llegar. Llegue al bar de la piscina y allí tímidamente pregunté por alguna forma de cobijo o alojamiento pero entre que no me dijeron nada y que se me arrimaba un pollo que no me gustaba nada lo que me preguntaba decidí salir de allí y esperar que escampase bajo una cornisa. En el camino, por la carga, el agua, etc. resbaló la bici y... al suelo. No fue nada, solo el susto y una puntera deteriorada. Cuando la nube pasó volví de nuevo a montarme para alcanzar Caspe, que quedaba a 7 kilómetros. Al cabo del rato de estar montado comencé a sentir que la bici no iba bien, que me costaba dar pedales y algo sonaba... ¡¡Había pinchado la rueda de atrás!! Bueno, como no estaba lejos anduve unos 3 kilómetros con la rueda pinchada hasta llegar a Caspe, lugar donde pregunté por cobijo o alojamiento (preferiblemente techo sin pagar), pero la Policía Local me dijo que lo más que tenían era facilitarles a l@s peregrin@s un bocadillo, que había un par de hostales rurales. Me acerqué a uno y pillé una habitación, lo cual me permitió refugiarme del tiempo, dormir en cama, ducharme y sobre todo arreglar la rueda. El pinchazo se produjo en unas circunstancias la mar de extrañas que aun no he sido capaz de entender: pinché a última hora de la etapa, con el pavimento mojado por la lluvia, con la presión y la cámara adecuada. El pinchazo era un simple picotazo que no tenía nada en la cubierta. En fin, menos mal que no fue nada más.

 

Quinta etapa (Caspe-Vilanova de Bellpuig): a la mañana siguiente amanecí tranquilamente y ya repuesto del susto del pinchazo monté y probé la máquina, sobre todo por si necesitaba algo de la tienda de bicis (en Caspe había tienda de bicis, lo que siempre da cierta seguridad). Salí dirección Fraga por una carretera Nacional, lo cual se notaba bastante en cuanto a tráfico (camiones, coches, etc. aunque nada exagerado comparado con Madrid y alrededores) y forma de conducir de la gente. En cuanto pude me salí de la Nacional para tomar carreteras comarcales mucho más pequeñas y tranquilas en dirección Flix. El mapa señalaba un sinfín de curvas antes de llegar a Riba-Roja de Ebre pero no pensé que fueran a ser tan duras, aunque no había mucha más alternativa si quería desviarme de las carreteras grandes. La carretera estaba en bastante buen estado en el tramo aragonés que además coincidía con una buena bajada hacia el Embalse de Riba-Roja, donde cambié de Comunidad Autónoma y entré en Catalunya, en Tarragona. Se notó bastante en las carreteras, muy bien asfaltadas y cuidadas, al menos las que me tocó hacer a mi. Desde el embalse subí dos altos de unos 5 kilómetros cada uno con rampas durillas, aunque se aguantaban, y sus correspondientes serpenteantes bajadas hasta llegar a Flix. Como dato curioso, desde Caspe hasta Riba-Roja de Ebre fueron unos 60 kilómetros en los que no pasé por ningún pueblo (sí es cierto que dejé Fayón a un lado, había que desviarse) e iba por carreteras solitarias. En Flix hice una parada técnica para comer y descansar un poco y aproveché paradarme una vuelta por el pueblo. Otro dato curioso es que en este pueblo hay un monumento a las Brigadas Internacionales que vinieron a combatir en la Guerra Civil, algo que no suele ser habitual. Tras la parada continué en dirección a mi objetivo final dirigiéndome hacia una carretera llena de curvas que indicaba sucesivos altos y bajos que ya pesaban en las piernas... Llegando ya a Les Borges Blanques la carretera comienza a llanear, con lo que se hace mucho más cómoda para rodar y coger velocidad. A esta parte la llamé “el llaneo en solitario”, je, je. Incluso en los últimos 9 kilómetros, entre Arbeca (donde paré a comerme unos dátiles porque estaba en las últimas) y Villanova de Bellpuig, fui rodando en torno a los 39 km/h con peso y todo, lomo agachado, manos en la curva del manillar, plato grande y a apretar las piernas que la carretera era recta llana y larga. Llegué al destino muy justito, con la puesta de sol pisándome los talones, el tiempo justo de localizar la casa de Heidi y su familia que me alojarían esa noche. Guardo muy buen recuerdo de aquella visita, conocí a Lucien, pareja de Heidi, y a sus padres, visité al taller de Ecoprac (donde se hacen las biciazadas, horcas de doble mango y demás aperos de labranza), el huerto, la granja y por fuera el albergue rural aun en construcción. Nos dio para charlar e intercambiar impresiones y experiencias. Me encantó la humildad y la hospitalidad con que me trataron, aun sin conocerme en persona (sí nos conocíamos por teléfono y correo electrónico gracias a pedidos de biciazada), lo cual agradezco muchísimo, no hay demasiada gente libre de prejuicios. Aproveché también para hacer un encargo que me pidió Albertortelano y le compré unas cuchillas para su biciazada.

 

Sexta etapa (Vilanova de Bellpuig-Masquefa): al día siguiente, repuesto de la paliza de kilómetros que hice al día anterior, desayuné un poquito, me despedí de esta gran familia (tuve la gran suerte de conocer al padre de Heidi, desarrollador de todos estos aperos de labranza que tanto nos han facilitado la vida a quienes los hemos usado) y salí en busca de mi destino final: Barcelona. El primer tramo de la etapa tenía el asfalto bastante malo, pero en seguida volvimos a carreteras más que aceptables. Amaneció soleado y se fue nublando con el paso del tiempo, lo cual se notó bastante llegando a Santa Coloma de Queralt. Como amenazaba tormenta continué dirección Igualada con el fin de alcanzar un sitio donde poder refugiarme un poco con cierta seguridad de que pudiera pasar la noche sin mucho problema. Justo al llegar a Igualada se desata un tormentón con rayos y centellas, de nuevo el diluvio universal y a esperar que escampe aprovechando para comer algo y descansar. Tras la tormenta el día se quedo nublado con un chirimiri aguantable, con lo que avisé a Marta que ya estaba en Igualada y tiré de camino. El error más godo de todo el viaje fue que no me dí cuenta y no llevaba la hoja donde salía Igualada, con lo que me lié y a tientas fui cojiendo carreteras que intuía me llevarían a mi destino, pero no, sólo conseguí perderme por las sierras barcelonesas en dirección al Penedés y estuve unas 3 horas dando vueltas bajo la lluvia, subiendo y bajando altos hasta que llegué a la carretera que en principio debía haber tomado y me hubiese llevado perfectamente a Martorell que estaba a 10 kilómetros y allá podía decidir si tomar o no el rodalies/FGC. Ya era tarde, como las 19:30 horas, y amenazaba tormenta con rayos y centellas por detrás con lo que tiré para adelante, pero mala suerte la mía que de nuevo la misma situación que en Caspe, lluvia, pocos kilómetros y pinchazo de la misma rueda trasera al canto. Con todo el desespero encima decidí utilizar el comodín de la llamada y avisé de la situación a Marta que se acercó con Ali a buscarme. Mientras esperaba me dio tiempo a reparar, de nuevo un misterioso pinchazo pequeño sin restos en la cubierta, sorprendente. Conforme me iba acercando a Barcelona se notaba más movimiento de coches, pero también se respiraba más respeto a las bicis que lo que noté cerca de Madrid, lo cual se agradece muchísimo.

 

Una vez en Barcelona, en buenas manos, un@ descansa. Aproveché para compartir un poquito la vida con Ali, Lucía (las que eran su compañeras de casa) y Marta, ver a Maira y Virginia, a Edu, conocí a Enric, David y colegas de Marta y Ali de Contact, pude ver a Sole de refilón y aproveché que estaba movilizado para hacer una visita fugaz a los padres de Albertortelano allá en el Maresme. En esta visita subí en bici pero no me gustó la carretera de la costa, demasiado tráfico y demasiadas prisas. Me gustó mucho más las carreteras que cogí en Arenys de Mar, Areyns de Munt y Sant Iscle de Vallalta, sobre todo el cuestón aquel rompepiernas que hay que subir para llegar a casa de los padres de Alberto (y él se lo hacía con frecuencia cuando se dedicaba a esto del ciclismo... ¡¡ole ahí su polla!!). Para regresar a Barcelona al día siguiente me bajé en tren porque estaba cortada la carretera por competición ciclista, no me gustó el tráfico que llevaba y andaba justo de tiempo. Tuve también la oportunidad de ir a Can Masdeu con motivo de un comedor popular que hicieron y allí me encontré con Javi, un compa toledano, con Álvaro y otras gentes del lugar de hace tiempo. Y como iba con máquina pues no podía faltar algún ajuste que otro a bicis amigas y visita a algún taller y así fue como conocí la Bicicletería, por recomendación de Ali, que llevaba allá su bici cuando tenía problemas. Pude compartir un ratito con el chaval que estaba, que si mal no recuerdo se llamaba Juan (hace ya dos años de esto) que me trató fenomenal. Estando también en Barcelona aproveché para quedar con Guillem y Valentina que vinieron a comer al Borrell. Pasaban los días y yo debía decidir que hacer, si marchar en bici o marchar en bus. Anduve mirando rutas para salir de Barcelona y ya estaba decidido a regresar en bici (con los días justillos pero camino conocido) cuando se me ocurrió limpiar la transmisión para que la máquina fuera guay y ahí encontré un pequeño problema mecánico que no me había dado lata pero que no me gustaba un pelo: el cassette se había desaflojado y los piñones bailaban. Aprovechando le toqué el tope superior al desviador trasero para que me pudiera cambiar al piñón más grande sin darme cuenta que ya iba muy justo, en el límite. Al día siguiente decidí bajarme a la Bicicletería a reparar lo del piñón pero cuando me monto y pruebo el retoque del cambio subido en la bici (ya lo probé con la bici dada la vuelta y aparentemente iba bien) el desviador se me mete entre los radios y se me retuerce el cambio quedando como un churro. Cagada. Ya si que tenía motivos para bajar a ver que me podían ayudar. Me miraron lo del piñón y me enderezaron un poquito la patilla, pero la palanca que había hecho el desviador al meterse entre los radios fue tal que abrió la patilla hasta ángulo obtuso ¡¡increíble!! Dejo unas fotos del desaguisado... El cierre rápido ya no cumplía su función y no podía mantener la rueda en su sitio, así que aunque le cambiásemos el desviador se acabó el viaje en bici. Como solución me dijeron que en Madrid hay gente que está trabajando con cuadros y que han estado experimentando cambiando patillas y otras partes de la bici, se llaman AA Ciclos (http://www.aaciclos.com/) y así es como conocí esta experiencia que sobre todo se dedica a bici de piñón fijo. Fui a por el billete de bus y me la baje en transporte público. Se lo conté a Dani, como afectado en el asunto y por causalidades del destino nos vimos en la Estación Sur de Méndez Álvaro y cuando vio los resultados flipó...

Imagen0094

 

 

 

 Aca a la derecha os dejo el detalle de como quedó la patilla del cambio. En principio debería quedar una abertura en sentido horizontal entre los dos exremos de metal, lo que permite que el cierre que lleva (en este caso es cierre rápido, pero si fuesen tuercas sería igual) trabaje bien y mantenga la rueda en su sitio. Al abrirse la patilla la tuerca del cierre rápido no tenía suficiente superficie de apoyo y no aguantaba la fuerza de la tracción de la cadena sobre el piñón sacando la rueda de su sitio.

 

 

 

 

 

Y hasta aquí puedo leer, me quedo con las ganas de llegar a Barcelona completo, ya me se el camino. Besos para tod@s de Natxo.